El presidente anunció una contrarrevolución cultural, cuestionó el lenguaje inclusivo y advirtió que los funcionarios que no compartan la línea ideológica de su Gobierno deberán apartarse. También anunció que buscará cambiar el nombre del Ministerio de las Culturas.
El presidente Abelardo De La Espriella anunció una ofensiva política y cultural contra el wokismo, corriente que cuestiona por considerar que promueve el relativismo moral, desconoce las diferencias biológicas entre hombres y mujeres e introduce determinadas lecturas identitarias en la educación y la cultura.
Durante un pronunciamiento este jueves 15 de octubre, el mandatario calificó esa corriente como “uno de los grandes cánceres que amenazan la unidad nacional y a la sociedad colombiana” y dejó claro que su administración impulsará una contrarrevolución cultural frente a lo que considera una imposición ideológica durante el Gobierno anterior.
“Esta corriente liberticida impone a través de la violencia física y verbal sus postulados en la educación, el lenguaje inclusivo y, como se ha dicho, en la cultura. El Gobierno asume una lucha abierta y frontal contra el wokismo. No hay ambigüedad en esa materia y no voy a permitir que ningún funcionario la tenga”, afirmó.
Advertencia directa a los funcionarios
De La Espriella también envió un mensaje a los integrantes de su administración: quienes no compartan los principios y valores que defiende el Gobierno deberán dejar sus cargos.
“Quien está en el Gobierno del Tigre debe defender los mismos principios y valores fundacionales. Si no es así, debe dar un paso al costado”, sostuvo.
La declaración anticipa una línea política definida en asuntos relacionados con el lenguaje, la educación, la cultura y las políticas de identidad. También abre interrogantes sobre cómo se traducirá esa postura en decisiones administrativas, programas educativos y orientaciones para las entidades públicas.
El presidente cuestionó el modelo que, según él, se promovió durante la administración de Gustavo Petro, al que describió como un sistema de colectivos, denominaciones, siglas y grupos concentrados en impulsar el relativismo moral.
En su argumentación, sostuvo que el wokismo desconoce las diferencias biológicas entre hombres y mujeres y presenta la historia como una sucesión de enfrentamientos entre opresores y oprimidos.
El Ministerio de Cultura cambiaría de nombre
La ofensiva anunciada por el mandatario también tendrá un componente institucional. De La Espriella manifestó su intención de modificar el nombre del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes para recuperar una denominación más tradicional e incorporar explícitamente el patrimonio.
“Este Ministerio debe volver a llamarse Ministerio de Cultura y Patrimonio. Y vamos a trabajar para eso. Se acabó la perversidad de convertir la cultura en mecanismo de adoctrinamiento”, declaró.
La propuesta supone un cambio en la identidad institucional de la cartera y anticipa una revisión del enfoque cultural del Gobierno. Sin embargo, la declaración no detalla todavía qué modificaciones se introducirían en sus programas, políticas de financiación, convocatorias artísticas o estrategias de protección del patrimonio.
Una disputa que va más allá del lenguaje
El discurso presidencial sitúa al wokismo en el centro de una confrontación ideológica que involucra la educación, las expresiones culturales, las diferencias de género y la manera de interpretar la historia.
El alcance de la política anunciada dependerá de las medidas concretas que adopte el Ejecutivo. Una cosa es que el Gobierno defina una orientación ideológica y otra que sus decisiones se traduzcan en restricciones a expresiones artísticas, contenidos educativos o derechos protegidos por la Constitución.
Por ahora, De La Espriella dejó establecida su posición: su administración no dará espacio a funcionarios que se aparten de esa línea y buscará desmontar lo que considera prácticas de adoctrinamiento cultural.
El debate estará en la forma en que el Gobierno convierta esas declaraciones en políticas públicas y en los límites que establezca para diferenciar su orientación cultural de las libertades de expresión, creación y pensamiento.










