La controversia por las obras retiradas del Museo Nacional de Colombia sumó un nuevo episodio este martes 20 de octubre. El activista Josías Fiesco, vinculado al Centro Democrático, llevó imágenes de víctimas del M-19 hasta la entrada del recinto para cuestionar lo que considera una exaltación de antiguos integrantes de organizaciones armadas.
Entre las fotografías exhibidas estaban las de José Raquel Mercado y Gloria Lara, dos víctimas vinculadas a hechos violentos atribuidos al M-19. Con esta intervención, Fiesco buscó poner el foco en las personas afectadas por las acciones de esa guerrilla, en medio de la discusión sobre la representación de la violencia política en espacios culturales.
“El Museo Nacional no es para aplaudir al crimen ni a los criminales. No más M-19, no más Pizarro”, manifestó el activista durante su presencia en el lugar.
Josías Fiesco llevó imágenes de víctimas del M-19 al Museo Nacional y reavivó la polémica por las obras retiradas
La protesta se produjo después de las críticas por la presencia de obras que incluían imágenes de Carlos Pizarro, antiguo comandante del M-19 que dejó las armas y fue candidato presidencial, así como referencias a organizaciones como las Farc y el ELN. La controversia derivó en el retiro de 30 piezas, según los reportes sobre el caso.
La decisión abrió un debate sobre los criterios que deben orientar las exposiciones en los museos públicos: cómo representar a antiguos integrantes de grupos armados, qué lugar dar a las víctimas y de qué manera abordar episodios de la historia colombiana que siguen generando profundas diferencias políticas.
La intervención de Fiesco también provocó reacciones en redes sociales, donde se enfrentan posiciones sobre la memoria histórica y la forma en que las instituciones culturales deben presentar el conflicto armado.
El debate va más allá de las imágenes retiradas. La discusión de fondo es si una exposición permite comprender un periodo de violencia o si, por la selección y presentación de sus piezas, puede interpretarse como una reivindicación de sus protagonistas. Resolver esa diferencia exige conocer el contexto de las obras, su intención curatorial y los argumentos de quienes cuestionan su exhibición.










