El rugido de los motores que este domingo se escuchó en el Gran Malecón del Río tuvo un significado diferente. Detrás del Circuito Pony Malta 2026 hubo una decisión que, según reveló Juan Pablo Montoya, no fue sencilla: mantener el evento pese a la tragedia provocada por el terremoto que golpeó a varias regiones de Colombia.
El piloto colombiano contó que el circuito estuvo cerca de ser cancelado después de la emergencia, pero finalmente decidieron continuar porque encontraron en el evento una oportunidad para ayudar a las familias afectadas.
“Muchos consideraron irresponsable seguir con la carrera, pero para nosotros era una oportunidad de ayudar. Estaban los carros, estaba todo montado en Barranquilla, entonces dijimos que lo hiciéramos por Colombia y pusiéramos un granito de arena”, explicó Montoya.
La decisión permitió que la capital del Atlántico acogiera una jornada que mezcló automovilismo, entretenimiento y solidaridad.
De espectáculo deportivo a jornada de ayuda
El Circuito Pony Malta no se limitó a las exhibiciones de vehículos y al esperado encuentro entre Juan Pablo y su hijo, Sebastián Montoya.
De acuerdo con lo explicado por el piloto, durante la jornada se contempló la entrega de 250.000 botellas de agua y 250.000 Pony Maltas para apoyar a las personas afectadas por el desastre.
Montoya también destacó el respaldo de la Alcaldía de Barranquilla y del sector privado para convertir el evento en una plataforma de ayuda.
El piloto fue enfático al reconocer el papel de los patrocinadores.
“Sin Bavaria y Pony Malta no estaríamos acá y haciendo lo que estamos haciendo hoy”, señaló.
La jornada terminó demostrando que un espectáculo deportivo también puede convertirse en un mecanismo para movilizar recursos y llevar asistencia a quienes atraviesan momentos difíciles.

Barranquilla respondió
Montoya agradeció especialmente el respaldo encontrado en Barranquilla y destacó el acompañamiento de la administración distrital, encabezada por el alcalde Alejandro Char.
La ciudad recibió por primera vez un circuito urbano de estas características en el Gran Malecón, escenario que durante el fin de semana se convirtió en punto de encuentro para aficionados al automovilismo.
La presencia de diferentes vehículos y categorías permitió ofrecer un espectáculo poco habitual en la ciudad.
Pero el gran atractivo fue la presencia de dos generaciones de pilotos: Juan Pablo y Sebastián Montoya.
Padre e hijo, frente a frente
El duelo entre ambos pilotos fue uno de los momentos centrales de la jornada.
Sebastián, quien busca consolidar su carrera internacional y avanzar hacia la máxima categoría del automovilismo, reconoció que tener a su padre como referente supone también convivir con una exigencia permanente.
“Mi papá siempre ha sido el número uno atrás mío y a veces es el que más me regaña, el que más me empuja y el que más me critica”, expresó.
Pero esa presión tiene una explicación: Juan Pablo conoce de primera mano las dificultades que implica llegar a la élite.
Sebastián aseguró que su principal objetivo es seguir mejorando y convertirse en el mejor piloto que pueda llegar a ser.
¿Habrá más automovilismo en el Malecón?
El resultado del Circuito Pony Malta también dejó abierta la posibilidad de que Barranquilla vuelva a recibir una competencia de estas características.
Montoya no descartó una nueva edición y explicó que, si el evento funciona y existe interés por repetirlo, podría crecer con la participación de más vehículos, marcas y pilotos.
La idea incluso podría evolucionar hacia un espectáculo de mayores dimensiones.
Montoya recordó que Barranquilla estuvo cerca de organizar un evento relacionado con la Fórmula Uno, mientras que una eventual competencia de IndyCar todavía se encuentra en una fase temprana, aunque existe como posibilidad.
“Era nuestra posibilidad de ayudar”

La decisión de mantener el circuito tomó mayor relevancia por el momento que atraviesa Colombia.
Para Montoya, cancelar el evento habría significado desaprovechar una infraestructura que ya estaba instalada y una oportunidad para convertir la jornada en ayuda.
Por eso, el mensaje que quedó después del espectáculo fue diferente al habitual.
Los motores rugieron, padre e hijo compartieron pista y Barranquilla vivió una fiesta deportiva, pero el objetivo final fue contribuir con quienes hoy necesitan reconstruir sus vidas después del terremoto.
El Circuito Pony Malta demostró así que la velocidad también puede ponerse al servicio de una causa social.










