Un documento de inteligencia ubica a Luz Amanda Pallares Pallares, conocida dentro del ELN con los alias de ‘Ana María’, ‘Isabel’, ‘Silvia’ o ‘Silvana’, como una de las figuras con mayor experiencia política y organizativa del Frente de Guerra Nororiental.
De acuerdo con el perfil de inteligencia, Pallares tiene 52 años, es licenciada en Ciencias Naturales con énfasis en educación ambiental y llevaría cerca de tres décadas vinculada al Ejército de Liberación Nacional (ELN). Por información que permita establecer su ubicación, las autoridades ofrecen una recompensa de hasta $1.600 millones.
El documento la identifica como integrante del Estado Mayor Regional del Frente de Guerra Nororiental y como cabecilla pseudopolítica de esa estructura. También señala que estaría al frente del denominado Colectivo Héctor, con responsabilidades relacionadas con las finanzas y el narcotráfico en el Catatumbo.
Según la evaluación, su influencia se extiende principalmente por Norte de Santander, especialmente en la región del Catatumbo, además del sur del Cesar y zonas fronterizas de Venezuela, particularmente en los estados Zulia y Táchira.
El perfil sostiene que el Frente de Guerra Nororiental mantiene presencia en la frontera y ejerce control sobre economías ilícitas, corredores estratégicos, actividades de narcotráfico y contrabando, además de contar con estructuras urbanas.
Una guerrillera con experiencia en las mesas de paz
Uno de los aspectos que más destaca el documento es la participación de ‘Silvana’ en procesos de negociación entre el Estado colombiano y el ELN.
Según inteligencia, fue delegada de esa guerrilla en la mesa de diálogos de 2016 durante el gobierno de Juan Manuel Santos y posteriormente habría sido designada como negociadora del ELN en la mesa instalada en 2023 durante el gobierno de Gustavo Petro.
El perfil le atribuye experiencia en negociación, liderazgo dentro de la organización, manejo del discurso político y conocimiento de la narrativa histórica del conflicto. También destaca su capacidad para defender públicamente la presencia territorial del ELN en Norte de Santander.
Es decir, la inteligencia la describe como una integrante que no se limitaría a funciones armadas o financieras, sino que tendría un papel dentro de la estrategia política y comunicacional de la organización.
El documento también reseña una condena en su contra por los delitos de rebelión y tráfico de sustancias para el procesamiento de narcóticos, proferida por el Juzgado Segundo Penal del Circuito.
Tres décadas dentro del ELN
La trayectoria atribuida a Pallares se remonta, según el documento, a aproximadamente 30 años.
En mayo de 2004 habría participado en una reunión entre integrantes del Frente de Guerra Nororiental y antiguos cabecillas de estructuras de las FARC en Norte de Santander.
Para 2005 ya aparecía identificada, de acuerdo con el perfil, como cabecilla del Colectivo Héctor y responsable de actividades relacionadas con el narcotráfico en el Catatumbo.
Un año después, en 2006, habría enfrentado episodios de indisciplina dentro de la organización. A partir de entonces, sus responsabilidades militares habrían disminuido y su trabajo se habría concentrado con mayor énfasis en las finanzas.
En 2012 habría sido enviada al área de Provincia para encargarse del manejo de recursos y de masas. El documento también señala que en algún momento estuvo encargada de personas secuestradas.
Los hechos violentos que aparecen en el perfil
El prontuario de inteligencia relaciona a estructuras bajo la órbita del Frente de Guerra Nororiental con diferentes acciones violentas ocurridas durante los últimos años en Norte de Santander.
El 22 de agosto de 2024, en zona rural de Convención, fueron instalados tres artefactos explosivos sobre una vía.
Posteriormente, el 24 de septiembre de ese mismo año, en la vereda Llana Baja, municipio de Teorama, la activación de un campo minado provocó la muerte de un soldado y dejó otros cinco militares heridos.
El documento también atribuye al Frente de Guerra Nororiental, entre 2020 y 2025, diferentes afectaciones ambientales y ataques contra infraestructura petrolera, particularmente contra el oleoducto Caño Limón-Coveñas.
Otro de los hechos reseñados ocurrió el 22 de diciembre de 2024, en la vía Cúcuta-Tibú, sector La Florida, donde unidades blindadas del Ejército fueron atacadas. El balance registrado en el perfil fue de cuatro militares heridos.
En 2025 la ofensiva habría continuado.
El 7 de marzo, en Tibú, estructuras del ELN atacaron mediante aeronaves no tripuladas a tropas del Batallón de Operaciones Terrestres N.º 47. El hecho dejó un soldado muerto y seis heridos, según el documento.
El 21 de julio, en El Carmen, otro ataque con drones contra tropas del BAEEV 10 dejó tres soldados muertos y seis heridos.
Para diciembre de 2025, inteligencia reseñó además un paro armado en Norte de Santander, acompañado de acciones de constreñimiento contra la población y ataques con explosivos.
El prontuario también registra hechos de 2026
Las acciones atribuidas a estructuras del Frente de Guerra Nororiental no se limitarían a años anteriores.
El 6 de febrero de 2026, en Ocaña, fueron lanzados explosivos desde un vehículo contra el Batallón de Infantería Liviana N.º 15. El ataque dejó dos personas heridas.
Más recientemente, el 31 de agosto, un vehículo cargado con dinamita explotó frente a la estación de Policía de Los Patios, Norte de Santander. El hecho dejó un civil muerto y 11 personas heridas.
Días después, el 5 de septiembre, en Guamalito, corregimiento de El Carmen, se registraron ataques simultáneos con drones contra la instalación policial. La situación provocó la salida del personal uniformado que permanecía en ese corregimiento.
Estos episodios aparecen dentro de la evaluación de inteligencia como parte del contexto de capacidad armada que conserva el Frente de Guerra Nororiental.
Narcotráfico, secuestro y control territorial
El documento sostiene que las estructuras bajo influencia de este frente tendrían capacidad para disputar el control territorial con el Frente 33, además de mantener corredores estratégicos y economías ilegales.
La evaluación también les atribuye capacidad para desarrollar asesinatos, secuestros, desplazamientos, reclutamiento de menores y conducción de estructuras armadas.
Otro elemento señalado es la instrumentalización de organizaciones sociales para fortalecer su presencia e influencia territorial.
En ese escenario, el perfil presenta a ‘Silvana’ como una pieza que combina varias funciones: política, financiera y organizativa.
Su experiencia en las negociaciones de paz, según inteligencia, se suma a su permanencia dentro del Frente de Guerra Nororienta










