Estados Unidos prepara un nuevo capítulo en su ofensiva contra las organizaciones dedicadas al narcotráfico en Latinoamérica. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, aseguró desde Panamá que Washington contempla llevar a tierra la estrategia que ya aplica contra presuntas embarcaciones utilizadas para el tráfico de drogas en aguas internacionales.
La advertencia marca un cambio de tono en la política antidrogas de la administración de Donald Trump, que busca ampliar las operaciones contra organizaciones consideradas amenazas para Estados Unidos y sus aliados.
Hegseth sostuvo que Washington trabaja con países de la región, entre ellos Colombia y Ecuador, para desarrollar una capacidad operativa en territorio similar a la empleada en las acciones contra las denominadas narcolanchas.
“Será el mismo efecto en tierra”, afirmó el funcionario, al explicar que la estrategia busca combatir directamente a las organizaciones criminales donde desarrollan sus actividades.
El jefe del Pentágono fue todavía más contundente al advertir que los grupos dedicados al narcotráfico serán considerados objetivos allí donde operen y amenacen a Estados Unidos o a sus aliados.
La estrategia se desarrolla en el marco de una alianza internacional impulsada por Trump que reúne a 19 países de la región. Colombia hace parte de esta coalición, en un contexto de creciente cooperación militar y de seguridad entre Bogotá y Washington.
Hegseth también mencionó como objetivos a remanentes de las guerrillas colombianas y aseguró que Estados Unidos está dispuesto a utilizar todas las capacidades de su Gobierno para desmantelar las redes dedicadas al tráfico de drogas.
La postura estadounidense ya genera controversia. Organizaciones de derechos humanos y expertos jurídicos han cuestionado la legalidad de los ataques contra presuntas embarcaciones narcotraficantes y han advertido sobre el riesgo de que este tipo de operaciones termine vulnerando normas internacionales.
El anuncio de posibles operaciones terrestres eleva aún más la tensión.
La gran pregunta ahora es hasta dónde llegará la cooperación militar de Colombia con Estados Unidos y bajo qué condiciones podrían desarrollarse operaciones conjuntas en territorio colombiano.
El mensaje de Washington es claro: la lucha contra los carteles entra en una fase mucho más agresiva. Y con Colombia incorporada a la nueva alianza de seguridad, el país queda en el centro de una estrategia regional que pretende golpear a las estructuras criminales no solo en el mar, sino también allí donde se esconden, operan y producen sus redes de narcotráfico.










