Colombia, Estados Unidos e Israel estarían avanzando en la construcción de una alianza estratégica en materia de seguridad e inteligencia, con especial atención a las redes del narcotráfico, el terrorismo y el financiamiento de organizaciones criminales transnacionales.
La cooperación, que empieza a tomar forma durante el nuevo Gobierno de Abelardo De La Espriella, tendría entre sus principales ejes el intercambio de información de inteligencia, el fortalecimiento de las capacidades tecnológicas y el seguimiento a las rutas del dinero proveniente del narcotráfico.
Uno de los elementos que aparece con mayor fuerza en esta nueva agenda es la actividad atribuida a redes vinculadas con Hezbolá en América Latina y su presunta conexión con estructuras dedicadas al tráfico de drogas.
El canciller colombiano, Omar Bula, ya había advertido años atrás sobre los riesgos que representa la relación entre el narcotráfico y organizaciones internacionales. En declaraciones citadas por Caracol Radio, el funcionario había señalado que el negocio de las drogas podía terminar beneficiando a carteles, disidencias de las Farc, el ELN y redes asociadas con Hezbolá y otros grupos terroristas.
En los últimos años, investigaciones de organismos como la Fiscalía colombiana y autoridades estadounidenses han identificado presuntas estructuras financieras relacionadas con Hezbolá en la región. Entre los escenarios investigados aparecen operaciones de lavado de activos y empresas fachada utilizadas para movilizar recursos derivados de actividades ilícitas.
Drones, inteligencia y tecnología
La cooperación entre Bogotá, Washington y Tel Aviv tendría además un fuerte componente tecnológico.
Entre las capacidades que podrían incorporarse a esta nueva etapa de colaboración aparecen sistemas antidrones, herramientas de interceptación, entrenamiento especializado, imágenes satelitales y tecnologías destinadas a rastrear movimientos financieros asociados con el narcotráfico y el terrorismo transnacional.
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La experiencia israelí en inteligencia, vigilancia y sistemas de seguridad, sumada a las capacidades estadounidenses en inteligencia y lucha contra el crimen organizado, podría representar un fortalecimiento importante para las autoridades colombianas.
La intención sería que Colombia tenga mejores herramientas para detectar movimientos de organizaciones criminales, anticiparse a ataques y seguir las rutas utilizadas para transportar drogas y movilizar recursos.
Aunque los tres gobiernos todavía no han presentado públicamente todos los detalles de una alianza formal con estas características, diferentes señales diplomáticas y de seguridad apuntan hacia una relación cada vez más estrecha.
Un cambio en la política exterior colombiana
El acercamiento también representa un giro significativo en la política exterior de Colombia, especialmente frente a Israel y Estados Unidos.
El Gobierno de De La Espriella ha mostrado una posición más cercana a Washington y Tel Aviv en asuntos relacionados con seguridad, defensa y cooperación internacional.
Este nuevo escenario se suma a recientes decisiones diplomáticas de Bogotá relacionadas con Israel y Marruecos, que han generado reacciones de distintos sectores y gobiernos.
La apuesta del Ejecutivo sería combinar relaciones diplomáticas más estrechas con las principales potencias occidentales con una estrategia de seguridad enfocada en combatir estructuras criminales que operan más allá de las fronteras colombianas.
¿Por qué preocupa Hezbolá?
La preocupación radica en las investigaciones que durante años han buscado establecer cómo organizaciones internacionales pueden aprovechar las redes del narcotráfico latinoamericano para financiar sus operaciones.
Para Colombia, el desafío es especialmente relevante debido a la presencia de grupos armados y organizaciones dedicadas al tráfico de cocaína que mantienen conexiones con redes internacionales de distribución y lavado de activos.
En ese contexto, el eventual intercambio de inteligencia con Estados Unidos e Israel permitiría fortalecer la capacidad colombiana para identificar no solamente a quienes producen y transportan drogas, sino también a quienes manejan las finanzas, facilitan las operaciones y reciben los recursos en otros países.
De concretarse, esta cooperación podría convertirse en uno de los principales componentes de la nueva política de seguridad internacional del Gobierno colombiano.
El llamado “triángulo virtuoso” entre Colombia, Estados Unidos e Israel marcaría así una nueva etapa para Bogotá, con la inteligencia, la tecnología y la lucha contra el financiamiento del crimen organizado como algunos de sus principales pilares.










