La decisión quedó consignada en una resolución publicada en el Diario Oficial, mediante la cual se ordena desarrollar una fase experimental, controlada, limitada y temporal para evaluar el comportamiento de este mecanismo en zonas previamente habilitadas.
El piloto tendrá un límite máximo de 1.000 hectáreas efectivamente tratadas y una duración operacional de hasta siete días calendario. El conteo comenzará una vez sea suscrita el acta de inicio de la operación, cuya fecha todavía no ha sido divulgada.
La intervención será realizada mediante aeronaves tripuladas y únicamente podrá ejecutarse dentro de los polígonos que sean autorizados para la prueba.
Glufosinato, el nuevo protagonista
Uno de los aspectos que genera mayor atención es que el Gobierno no utilizará glifosato en esta primera prueba.
El producto escogido es el glufosinato de amonio 200 SL, un herbicida diferente al utilizado históricamente en las campañas de aspersión aérea contra los cultivos de coca.
Según la clasificación citada en la resolución, la Organización Mundial de la Salud ubica al glufosinato dentro de la categoría II, correspondiente a sustancias consideradas moderadamente peligrosas.
El uso de este compuesto también ha generado cuestionamientos debido a que no está autorizado para su utilización como herbicida en la Unión Europea.
La decisión se produce después de varios años de suspensión de la aspersión aérea de cultivos ilícitos en Colombia y representa un giro frente a la política aplicada durante el gobierno anterior.
Un piloto, no una fumigación masiva
La autorización no significa que Colombia haya puesto en marcha una campaña nacional de fumigación aérea.
Por ahora, el Gobierno únicamente cuenta con autorización para realizar esta prueba sobre un área acumulada de hasta 1.000 hectáreas.
El objetivo es obtener información técnica que permita determinar si la aspersión aérea con glufosinato puede convertirse en una herramienta viable dentro de la estrategia de lucha contra los cultivos de uso ilícito.
La resolución establece además que la operación deberá mantenerse bajo controles estrictos y dentro de las áreas expresamente autorizadas.
Una decisión que reabre el debate
El regreso de la aspersión aérea promete reactivar uno de los debates más controversiales de la política antidrogas colombiana.
Durante años, la fumigación aérea con glifosato fue defendida por sectores del Estado como una herramienta para reducir rápidamente los cultivos de coca, mientras organizaciones sociales, comunidades campesinas y sectores ambientales cuestionaron sus posibles efectos sobre la salud y los ecosistemas.
Ahora el Gobierno busca probar una alternativa química y obtener evidencia antes de decidir si amplía la estrategia.
La prueba será seguida de cerca por las autoridades ambientales y sanitarias, pues de sus resultados dependerá, en buena medida, si el Ejecutivo avanza hacia una política de mayor alcance.
Por el momento, la cifra está claramente delimitada: 1.000 hectáreas y hasta siete días de operación. Lo que ocurra después podría definir el futuro de la aspersión aérea dentro de la política antidrogas de Colombia.










