Por: Yasher Bolívar Pérez
Lo ocurrido ante Pereira es una muestra más de una campaña que ha estado muy lejos de las expectativas. Junior comenzó ganando con el gol de Jermein Peña, pero no tuvo la capacidad de mantener la ventaja y terminó cediendo un empate que sabe a derrota. Lo más preocupante no es únicamente el resultado, sino la falta de respuestas de un equipo que debería estar peleando en los primeros lugares y que, por el contrario, se encuentra rezagado en la tabla. Perder puntos en casa ante un rival que también necesita sumar deja en evidencia los problemas de un conjunto que no consigue encontrar regularidad ni transmitir confianza.
A estas alturas, hablar de una clasificación parece más un acto de fe que una posibilidad respaldada por el rendimiento del equipo. Los partidos pasan, los puntos se escapan y Junior sigue sin demostrar que tiene argumentos suficientes para protagonizar una remontada. La responsabilidad no puede recaer en una sola persona: jugadores, cuerpo técnico y directivos deben asumir su parte en una campaña que tiene decepcionada a la afición. Un club con la historia y la exigencia del conjunto barranquillero no puede conformarse con competir sin rumbo ni depender de resultados ajenos para mantener viva una esperanza.
Por eso, para mí, Junior ya fracasó en su objetivo de clasificar a los ocho. Aunque todavía pueda existir una posibilidad matemática, el fútbol que ha mostrado no invita al optimismo. La hinchada merece un equipo que compita con carácter, que defienda sus ventajas y que entienda la responsabilidad de vestir esta camiseta. No se trata de abandonar al club en los malos momentos, sino de reconocer que esta campaña está lejos de lo esperado. El empate contra Pereira no es un tropiezo aislado: es otro capítulo de una temporada decepcionante que obliga a revisar qué salió mal y qué cambios deben hacerse para evitar que la historia se repita.










