Las aspiraciones por la Gobernación del Atlántico y la Alcaldía de Barranquilla comienzan a tomar forma, pero el panorama electoral todavía está lejos de estar definido. En esta nueva partida aparece un actor con capacidad de alterar las cuentas: el presidente Abelardo De La Espriella, cuyo gobierno tendrá una presencia política especialmente fuerte en la región.
Su partido, Firmes por la Patria, debutará en unas elecciones territoriales y podrá presentar candidatos a gobernaciones, alcaldías, asambleas, concejos y Juntas Administradoras Locales. Esto le permitirá construir una estructura política propia en territorios donde tradicionalmente han tenido peso otras organizaciones.
Además, De La Espriella llega al escenario regional con interlocución con dirigentes como Alejandro Char, Federico Gutiérrez, Dumek Turbay y Carlos Pinedo Cuello, figuras con influencia en distintas zonas del país y, particularmente, en la Costa Caribe.
Para el Pacto Histórico, el desafío será trasladar su votación nacional y legislativa al terreno territorial. No es una tarea sencilla. Las elecciones de Congreso responden a dinámicas diferentes a las de una Gobernación o una Alcaldía, donde pesan las estructuras locales, los liderazgos municipales, las alianzas, el conocimiento de los candidatos y la capacidad de movilización.
En el Atlántico, además, la izquierda todavía enfrenta el reto de consolidar una candidatura con suficiente fuerza para competir por la Gobernación o disputar seriamente el control político de Barranquilla.
Las divisiones internas tampoco ayudan. Mientras diferentes sectores comienzan a mover nombres y a explorar posibles alianzas, todavía no aparece una figura que reúna de manera clara a todas las fuerzas del Pacto alrededor de un proyecto competitivo.
El cambio de gobierno también modifica las condiciones políticas. Durante la administración Petro, sectores cercanos al Pacto tuvieron acceso a espacios de poder e interlocución con el Gobierno Nacional. Ahora el escenario institucional es diferente y las organizaciones políticas tendrán que demostrar cuánto de su fuerza electoral depende realmente de sus estructuras territoriales y cuánto estaba asociado al respaldo del poder nacional.
Por eso, la elección de 2027 será una verdadera prueba para todos.
El Pacto Histórico no puede asumir que los resultados obtenidos en elecciones legislativas se trasladarán automáticamente a las urnas territoriales. Del mismo modo, las fuerzas cercanas al nuevo Gobierno tendrán que demostrar que pueden convertir el respaldo presidencial en candidaturas competitivas y estructuras electorales sólidas.
En política, las cuentas hechas demasiado temprano suelen terminar pasando factura.
El Atlántico todavía no tiene gobernador ni alcalde elegidos para 2027, y falta mucho camino por recorrer. Habrá negociaciones, alianzas, rupturas, nuevos nombres y, seguramente, más de una sorpresa.
Por ahora, más que repartir cargos sobre el papel, a todos los sectores les conviene revisar bien la calculadora. Porque una cosa es sumar votos en una elección nacional y otra muy distinta es conquistar el poder territorial cuando las reglas, los aliados y el dueño de la orquesta han cambiado.










