Las aeronaves no tripuladas cuentan con capacidades para permanecer durante varias horas en el aire, realizar labores de vigilancia sobre amplias zonas y hacer seguimiento en tiempo real, herramientas que podrían reforzar las operaciones de la Fuerza Pública.
La llegada de estos equipos se conoce en un momento en el que los drones se han convertido en una de las nuevas amenazas utilizadas por grupos armados ilegales. En los últimos días, un ataque con explosivos lanzados desde drones dejó cuatro militares heridos en el departamento del Cesar, situación que llevó al presidente a ordenar el refuerzo de las operaciones militares y policiales contra los grupos armados de la zona.
El Gobierno ha establecido como una de sus prioridades el fortalecimiento de las capacidades de la Fuerza Pública para combatir a las disidencias de las Farc, el ELN, el Clan del Golfo y otras estructuras criminales. La Presidencia ha señalado que su estrategia busca recuperar el control territorial y afectar las economías ilícitas.
En este contexto, los nuevos drones podrían convertirse en una herramienta de inteligencia, vigilancia y reconocimiento para las autoridades, especialmente en zonas extensas o de difícil acceso.
La cooperación con Estados Unidos se suma así a la estrategia de seguridad impulsada por el nuevo Gobierno, que ha buscado fortalecer la coordinación militar con Washington y aumentar las capacidades de la Fuerza Pública frente a las organizaciones armadas y el narcotráfico.
La entrega de estos equipos representa un nuevo capítulo en la cooperación de seguridad entre Colombia y Estados Unidos y llega en un momento en que la tecnología de drones tiene un papel cada vez más importante tanto para las Fuerzas Militares como para los grupos criminales.










