El cronograma avanza con la meta de entregar el edificio en agosto de 2027, un espacio que permitirá ampliar la oferta de posgrados, cursos libres, bilingüismo y extensión, y que representa para sus egresados el regreso de una parte esencial de su historia al corazón de Barranquilla.
Hay obras que se miden en metros cuadrados, toneladas de acero y cifras de inversión, pero hay otras que se construyen también con memoria, orgullo y sentimientos. En la sede centro de la Universidad del Atlántico, una de esas historias comienza a levantarse literalmente ante los ojos de estudiantes, egresados y trabajadores de la institución.
En el lugar donde durante años estuvieron espacios asociados a Arquitectura y Derecho, y donde hoy funcionan zonas de parqueaderos, posgrados y cursos libres, las máquinas y los trabajadores ya dieron paso a una nueva imagen. Las varillas y el acero empiezan a enfilarse para levantar la estructura que sostendrá los ocho pisos del nuevo edificio.
El gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, resume el significado de esta transformación desde una perspectiva que va más allá de la infraestructura. “Aquí está el sentimiento del alma mater, de toda la gente que estudia aquí en la universidad. Queremos que el uniatlanticense tenga nuevamente aquí su casa para seguir formándose”, expresó.
La intervención hace parte del Plan Integral de Infraestructura de la Universidad del Atlántico, una estrategia que supera los $148.304 millones y que tiene en la sede de la carrera 43 uno de sus principales escenarios. Los recursos son financiados con aportes de la estampilla Prociudadela de la Gobernación del Atlántico y del Sistema General de Regalías (SGR). En la sede centro se ejecutan proyectos por $125.000 millones, orientados a consolidar un nuevo polo académico, cultural y administrativo para el departamento.
La nueva edificación tendrá aproximadamente 14.500 metros cuadrados de construcción, un sótano con capacidad para 200 vehículos y ocho pisos destinados a una amplia oferta académica. En su interior se proyectan 70 aulas, además de espacios administrativos, biblioteca, auditorio y cafeterías.

Pero la dimensión más importante de esta obra estará en las oportunidades que podrá generar. De acuerdo con el proyecto, la infraestructura permitirá atender hasta 3.000 estudiantes por jornada y alcanzar cerca de 6.000 estudiantes en dos jornadas, especialmente en programas de posgrados, cursos libres y extensión.
“Esto nos va a dar toda la posibilidad de que el uniatlanticense tenga en su alma mater un proceso de capacitación constante y permanente, para que pueda seguir haciendo sus posgrados, doctorados y maestrías”, destacó Verano.
La obra también está concebida bajo criterios de sostenibilidad. El edificio incorporará características bioclimáticas y sistemas que permitirán regular aspectos como el consumo de energía y la climatización, buscando que la nueva infraestructura sea eficiente y sostenible en el tiempo.
Para Pedro Lemus, secretario general de la gobernación del Atlántico, llegar a la etapa estructural tiene un significado especial. “La curva más dura ya la pasamos, que fue la parte de demoliciones y cimentaciones. Hoy podemos decir que estamos en un 20 o 25 por ciento de avance”, explicó.
El cambio comienza a hacerse visible. Lo que antes era un espacio destinado principalmente a parqueaderos y actividades temporales empieza a convertirse en la base de un edificio que modificará el paisaje de la sede Centro. El acero que ahora se instala será el esqueleto sobre el cual crecerán los pisos que albergarán a miles de estudiantes.
Lemus explicó que el propósito no es solamente construir un edificio moderno, sino devolverle vida académica al centro de Barranquilla y conectar la Universidad del Atlántico con una población mucho más amplia. “Aquí pueden venir egresados de todas las universidades, especialmente de los estratos 1, 2 y 3, a complementar su proceso formativo”, señaló.
MODERNIZACIÓN Y REPOTENCIACIÓN DEL EDIFICIO SANTO DOMINGO
La transformación estará acompañada además por la renovación del edificio Santo Domingo, una de las estructuras patrimoniales más representativas de la sede. Allí no habrá demolición, sino una intervención para fortalecer y restaurar la edificación y reincorporarla a la actividad académica.
El arquitecto Fabián Manotas, encargado de la obra de la fase 1 de la sede administrativa, explicó que en el Santo Domingo se realizará una repotenciación estructural. “Vamos a reforzar las columnas, ensanchar su sección y colocar acero de refuerzo. También tendremos muros pantalla que ayudarán a soportar la estructura”, detalló.
La apuesta integral contempla la construcción del nuevo edificio Administrativo y la modernización de los edificios Santo Domingo y Administrativo, con una inversión superior a los $64.458 millones y cerca de 29.954 metros cuadrados de nueva infraestructura.
El propósito es que estas obras no respondan únicamente a las necesidades actuales, sino que permitan que la universidad amplíe de manera significativa sus programas de extensión y bilingüismo. Con mayor capacidad instalada, la institución podrá atender a más estudiantes y generar nuevos recursos para fortalecer su funcionamiento y sostenibilidad financiera.
Como egresado de la institución en la facultad de arquitectura, el secretario general de la gobernación, precisó que las cifras no alcanzan a explicar lo que significa intervenir este lugar. Él conoce desde adentro el valor emocional de estos espacios. “Este es uno de los proyectos que más orgullo me da. Soy egresado de esta universidad y estudié Arquitectura justamente en este edificio”, recordó.
Por eso, ver cómo las varillas empiezan a convertirse en columnas, cómo el acero anuncia los próximos pisos y cómo la estructura comienza a elevarse tiene un significado que trasciende la obra civil. Es también la posibilidad de que quienes alguna vez caminaron por estos corredores regresen como profesionales, docentes, padres o estudiantes de posgrado.
“Me da mucho orgullo, mucha emoción y mucha felicidad ver que empezamos este proceso para que estudiantes como yo, que estuvieron aquí, puedan volver a su alma mater”, afirmó Lemus, convencido de que el nuevo claustro será una puerta abierta para todo el Atlántico.
INTEGRACIÓN CON LA TRANSFORMACIÓN DEL CENTRO HISTÓRICO
El proyecto también busca integrarse con la transformación urbana del centro de Barranquilla y con iniciativas como la Plaza de la Paz, contribuyendo a revitalizar este sector de la ciudad y convirtiéndolo nuevamente en un punto de encuentro para la educación, la cultura y la vida universitaria.
El gobernador Verano lo plantea como una visión de futuro para la institución: “Este va a ser, sin ninguna duda, un puntal para el crecimiento geográfico de la Universidad, que mantiene su sede tradicional como un punto importante en su proceso de oferta académica”.
Mientras el acero continúa subiendo y la estructura empieza a dibujar los pisos del nuevo edificio, la Universidad del Atlántico vuelve a construir algo que sus estudiantes y egresados reconocen como propio: el lugar donde se aprende, se sueña y se regresa.
La obra avanza, pero también se levanta una promesa de futuro para una comunidad universitaria que quiere seguir creciendo sin perder el vínculo con su historia.










