Cuando un soldado corre, no solo avanza por una ruta, también demuestra disciplina, voluntad, compañerismo y esa fuerza interior que lo impulsa a superar cada desafío. Este sábado 22 de agosto, el Fuerte Militar de Larandia fue escenario de una jornada que convirtió 10 kilómetros en una experiencia de integración, bienestar y orgullo institucional.
Desde muy temprano, cuando aún comenzaba a amanecer sobre el Caquetá, el espíritu de la competencia ya se sentía en cada rincón del cantón. A partir de las 4:00 de la mañana inició la entrega de kits a los participantes. Más tarde, a las 6:10 a. m. llegó el momento de la parte protocolaria y el calentamiento físico, preparando el cuerpo y, sobre todo, la mente, para el reto que estaba por comenzar. A las 6:45 a. m. se dio la salida de esta carrera de 10 kilómetros, desarrollada completamente dentro de las instalaciones del Fuerte Militar.
La actividad, liderada por el Comando de Personal, a través de la Dirección de Familia y Bienestar, en el marco de agosto, Mes de la Exigencia Física, contó con el apoyo logístico de la Caja de Compensación Familiar Colsubsidio y reunió a integrantes de diferentes unidades militares.
En total participaron 48 oficiales, 113 suboficiales, 336 soldados y 4 civiles de planta, pertenecientes a las unidades de la Sexta División, la Brigada Décima Segunda, el Comando Conjunto N.° 3, la Brigada Contra el Narcotráfico N.° 1 y la Fuerza de Tarea Omega.
Más que una competencia, la jornada representó un encuentro entre hombres y mujeres que diariamente cumplen la misión institucional desde diferentes lugares y responsabilidades, pero que en esta oportunidad compartieron el mismo propósito: correr, disfrutar y demostrar que el bienestar también hace parte de la fortaleza de la Fuerza.
A lo largo de los 10 kilómetros, cada participante enfrentó su propio desafío. Algunos corrieron buscando el mejor tiempo; otros, simplemente, con la satisfacción de llegar a la meta. Sin embargo, todos compartieron algo en común: el esfuerzo.
Luego de 42 minutos, el primer corredor cruzó la meta. El señor mayor José Luis Cupacan Realpe, en la categoría masculina, llegó victorioso después de completar el recorrido, recibiendo el reconocimiento de quienes aguardaban en la meta.
En la categoría femenina, luego de 1 hora y 9 minutos el primer lugar fue para la señorita cabo primero Marcela Zapata Ramírez, quien demostró durante el recorrido determinación, disciplina y fortaleza para convertirse en la ganadora de esta categoría.
Después de la llegada de los corredores, el campo de paradas volvió a convertirse en el punto de encuentro. Allí se realizó la vuelta a la calma, seguida de la premiación de los tres primeros lugares en cada categoría y la entrega de diferentes reconocimientos y premios a los participantes, como una manera de exaltar no solamente a quienes alcanzaron los mejores tiempos, sino también el compromiso de todos aquellos que aceptaron el reto.
Detrás de cada actividad de bienestar existe un propósito que va mucho más allá de una jornada recreativa. Es por esto que para la Dirección de Familia y Bienestar del Comando de Personal, generar estos espacios significa reconocer al ser humano que existe detrás del uniforme, entender sus necesidades y brindar escenarios que contribuyan a su bienestar físico, emocional y social.
Porque cuidar a quienes sirven a Colombia también significa permitirles encontrarse, compartir, respirar, sonreír y disfrutar junto a sus compañeros. Significa recordarles que su bienestar importa y que detrás de cada misión cumplida existe una institución que trabaja para fortalecer su calidad de vida y la de sus familias.
Esta carrera de 10 kilómetros fue precisamente una muestra de ello. Cada paso dado dentro del Fuerte Militar de Larandia representó mucho más que kilómetros recorridos: representó compañerismo, disciplina, integración y espíritu de cuerpo.
En el Ejército Nacional, la fortaleza también se construye fuera del campo operacional. Se construye cuando un soldado siente que su institución lo acompaña, cuando encuentra espacios para cuidar su salud, cuando comparte con sus compañeros y cuando recibe el reconocimiento por su esfuerzo.
Por eso, correr en el Fuerte Militar de Larandia fue también una manera de elevar la moral combativa: porque un militar que se siente valorado, respaldado y acompañado está mejor preparado para seguir sirviendo a Colombia.
Hoy, los corredores regresaron a sus unidades, pero dejaron en la pista una huella que va mucho más allá de los 10 kilómetros. Una huella de esfuerzo, unión y orgullo por pertenecer a una institución que entiende que el bienestar de sus hombres y mujeres también es parte fundamental de la misión.
Larandia corrió. Sus soldados se encontraron. Y en cada paso quedó demostrado que el bienestar también es una forma de servir y de fortalecer a quienes tienen la misión de proteger a Colombia.










