Por: Yasher Bolívar Pérez
El Ball Arena de Denver fue testigo de una de las actuaciones individuales más impresionantes en la historia de la NBA. Nikola Jokic firmó un triple-doble descomunal con 61 puntos, 11 rebotes y 10 asistencias, igualando marcas de leyendas como Wilt Chamberlain y Michael Jordan. Sin embargo, su extraordinario desempeño no fue suficiente para evitar la derrota de los Nuggets ante los Minnesota Timberwolves (139-140) en un partido que se definió tras dos prórrogas.
El pívot serbio se convirtió en el primer jugador en la historia en registrar un triple-doble con al menos 60 puntos, 10 rebotes, 10 asistencias y más de cinco triples. Además, alcanzó los 31 triples-dobles en la temporada, superando el récord de Chamberlain para un pívot. Pese a su esfuerzo, los Wolves lograron resistir gracias a un colectivo sólido liderado por Anthony Edwards (34+10+8) y un decisivo Nickeil Alexander-Walker. La última jugada fue clave: un error de Russell Westbrook permitió que los Timberwolves consiguieran tres tiros libres en los segundos finales, sellando la victoria.
Tras el partido, Edwards no ocultó su asombro por la exhibición de Jokic: “Podría ser el mejor jugador de baloncesto que he visto nunca”, declaró. Aunque la derrota empañó la gesta, el serbio sigue escribiendo su nombre en los libros de historia de la NBA con actuaciones que desafían la lógica.