En torno a los falsos positivos, el mismo expresidente Juan Manuel Santos se refirió y contó su versión ante la Comisión de la Verdad.
Santos fue claro y afirmó que cuando ejerció el Ministerio de Defensa entre los años 2006 al 2009, él y su equipo salieron de la negación sobre estos crímenes en 2007 y en 2008 los reconocieron como un fenómeno real. Pidió perdón.
Cabe recordar que durante la estadía de Juan Manuel Santos en el ministerio de Defensa para esa del 2006 al 2009, fue precisamente donde se conoció la existencia de las ejecuciones extrajudiciales o falsos positivos.Comisión de la Verdad
Hoy, el propio expresidente Juan Manuel Santos rindió su versión ante la Comisión de la Verdad su versión sobre las ejecuciones extrajudiciales, mal llamadas falsos positivos, ocurridas durante el gobierno del expresidente Álvaro Uribe Vélez, específicamente entre 2006 y 2009, cuando Santos fue ministro de Defensa.
Fue así como el expresidente Juan Manuel Santos dentro de su amplio discurso frente a los comisionados y el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión, hizo un recorrido sobre sus esfuerzos para que las Fuerzas Militares protegieran los derechos humanos en el marco del conflicto armado, a pesar de la negativa del expresidente Uribe de nombrar la guerra interna con la entonces guerrilla de las Farc, y puntualizó en detalle cómo conoció y reconoció, en compañía de su equipo de trabajo, en especial del exviceministro Sergio Jaramillo, la existencia de estos crímenes en los que se pudo establecer, años después, cómo el Ejército presentó como bajas en combate a jóvenes que no tenían relación directa con los enfrentamientos.
Santos en su testimonio como jefe de la cartera de seguridad, contó, según dijo, con el contraste de los hechos, el cual realizó consultando a los “principales protagonistas” de lo ocurrido, y el apoyo de 24 documentos como directivas internas y discursos para sustentar su trabajo por los derechos humanos en el marco de la guerra y su esfuerzo por desincentivar esta práctica macabra que vivió el país y, en especial, sus jóvenes más humildes. Reiteró que la intervención ante la entidad representa “su verdad”, agregó también diciendo no es una “historia fácil de entender”, entre otras cosas porque las ejecuciones extrajudiciales en manos del Ejército, mal llamadas falsos positivos, ocurrieron en paralelo a dos fenómenos “absolutamente contradictorios”. “Una notable mejoría general del comportamiento de nuestras tropas en el terreno, gracias en buena parte a su entrenamiento en derechos humanos, al que me referiré más adelante; y una tendencia opuesta, asociada marcadamente a ciertas unidades y ciertas regiones, a cometer homicidios en persona protegida o ejecuciones extrajudiciales” aseguró.
El expresidente recordó, como lo ha hecho en diversas ocasiones, que cuando llegó al Ministerio de Defensa, el 20 de julio de 2006, ambos políticos compartían el objetivo de derrotar a la guerrilla de las Farc. “Donde teníamos una diferencia era en el cómo. Si bien el documento de la Política de Defensa y Seguridad Democrática de 2003 dejaba una puerta abierta a la negociación, Uribe en realidad pretendía acabar militarmente a las Farc, quería una derrota total. Nunca quiso ni siquiera reconocer la existencia de un conflicto armado; los guerrilleros para él eran unos simples narcotraficantes y terroristas”, reiteró. En cambio, dijo, su visión buscaba una “derrota estratégica”. Llevarlos a una mesa de negociación, recalcó Santos, era una salida “más viable, conveniente, rápida y menos costosa”. “Pero Uribe era el presidente y yo el subalterno”, narró.
Dentro de su extenso y amplio discurso donde rindió versión Santos, habló de la dicotomía entre el lenguaje de Uribe como jefe máximo de las fuerzas militares, con el que negaba el conflicto armado, y lo que dictaba el Derecho Internacional Humanitario (DIH) frente a ese tipo de guerras, protocolo que aplicaba Santos como ministro de Defensa. “Para mí esa duda no existía y así se lo reiteramos a las tropas: hay que aplicar el DIH y respetar los derechos humanos. Y punto”, expresó ante la Comisión de la Verdad. En ese contexto, afirmó que la estrategia de Uribe no era incompatible en el corto plazo con su intención de empujar a las Farc a reconocer que no se tomarían el Estado por medio de las armas, ya que era necesaria la presión militar para caminar hacia esa orilla: “En eso todos estábamos de acuerdo”, comentó durante su intervención.
“Esa presión la mantuvimos a todo vapor. Sin embargo, para ser más efectivos teníamos también que actuar en otros dos frentes simultáneamente: mejorar sustancialmente la inteligencia y fortalecer la legitimidad de nuestras Fuerzas Armadas –su activo más importante– a través de una política de derechos humanos ambiciosa, vinculante y eficaz. Sobre estos dos frentes me propuse trabajar con toda determinación desde que asumí el ministerio”, aseveró.
Enfatizó en las bajas producto de dicha inteligencia que conoció el país en esos años: Alias JJ en el Pacífico, el negro Acacio en los Llanos Orientales, Martín Caballero en los Montes de María, en 2007, y Tirofijo (por muerte natural), Iván Ríos (asesinado por su escolta para cobrar la recompensa), y Raúl Reyes, en 2008. En ese año, puntualizó, también se realizó la Operación Jaque en la que el gobierno rescató a los 15 secuestrados más importantes para las Farc, entre ellos tres norteamericanos e Ingrid Betancur.
“Para muchos analistas, este conjunto de golpes, sumados a los que se dieron al comienzo de mi gobierno, fue un punto de inflexión”, añadió.
Los falsos positivos en su versión
Este tema ha sido de vital importancia, tanto que en diferentes instancias han recalcado en la importancia de que todas las partes involucradas en el conflicto armado rindan su versión sobre qué y cómo ocurrió este, en aras de aportar a la verdad, parte integral de la reparación a las víctimas en el marco de la justicia restaurativa.
Sobre el particular, el expresidente Santos detalló que en 2007 salió de la negación de que los falsos positivos eran meramente rumores y precisó que en 2008 lo reconocieron como un fenómeno real que le comunicó, ese año, al expresidente Uribe.
Su declaración fue progresiva. Dijo que, en un principio, cuando llegó al Ministerio de Defensa escuchó historias sobre “posibles actuaciones irregulares”, pero que en ese entonces eran rumores. “como entonces no pasaban de ser rumores sin evidencia que los sustentara, no les di credibilidad. No me cabía en la cabeza que algo así pudiera estar ocurriendo. Además, en mi paso por el periodismo había aprendido sobre la guerra jurídica y las diferentes formas de lucha –que eran una realidad–, y estos relatos, que por entonces no venían acompañados de evidencia que los soportaran, parecían encajar muy bien en esa narrativa. Sobre todo, era consciente de que la verdad es siempre una gran víctima de la guerra”, expresó, sin desconocer que en diversas ocasiones salió a desvirtuar esas voces que denunciaban las ejecuciones.
Retomó el modus operandi de estos asesinatos que, dijo, respondieron a la presión ejercida en los militares en esa época para producir bajas. “se presentaban los resultados operacionales, para ser luego reportados como “caídos en combate”. Los asesinaban lejos de sus lugares de residencia para que nadie los reconociera y su muerte no despertara protestas entre la población local. Luego eran enterrados como “NN” en un cementerio local, mientras que se introducía alguna referencia en un informe de inteligencia para justificar la muerte de un “combatiente” y asegurar que se inhibiera la acción de investigación penal. La presión por producir bajas y los premios por lograrlo fueron, sin duda, los principales incentivos para producir semejante degradación del conflicto”, señaló.
En esa línea, contó que empezó a salir del estado de negación cuando se dio cuenta de las consecuencias de la presión sobre las Fuerzas para producir bajas: “En muchas de las visitas que hacíamos con el presidente Uribe a las guarniciones salía a relucir el número de bajas –casi siempre de primero– como uno de los indicadores más importantes en los informes y partes que nos daban los comandantes de turno. La verdad, eso en ese momento no me parecía tan descabellado: al fin y al cabo estábamos en una guerra. Hasta que me abrió los ojos el general Álvaro Valencia Tovar”, añadió. Santos recordó que el general Tovar, veterano de la guerra, le explicó que no consideraba a las Farc como enemigos sino como adversarios porque “los enemigos se eliminan, se destruyen, mientras que a los adversarios hay es que vencerlos, derrotarlos”.
“Y agregó, con su profundo carácter humanista: los guerrilleros son también colombianos, seres humanos como usted y como yo; somos hijos de una misma nación y vamos a tener que convivir con ellos tarde o temprano pues este conflicto solo se acaba en una mesa de negociación. Lo segundo que me dijo –muy premonitorio– es que le preocupaba que se estuviera en cierta forma aplicando la doctrina Vietnam, la del conteo de cadáveres, porque eso puede degradar el conflicto a niveles insospechados, como sucedió en Vietnam”, recordó. En ese sentido, y después de recibir testimonios de fuentes creíbles en 2007, se quitó el velo de los ojos. La Oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, la representante del Comité Internacional de la Cruz Roja, Bárbara Hintermann, y el viceministro Sergio Jaramillo, fueron sus fuentes confidenciales que tejieron con información la realidad sobre los falsos positivos y se la entregaron a Santos, relató este viernes. “Muy diferente –pero comprensible, dada su cultura y formación como hijo y yerno de militar– la actitud de mi otro viceministro, Juan Carlos Pinzón, que jalonaba hacia el lado contrario, es decir, a mantener la negación”, puntualizó.
A partir de ahí, Santos recapituló las acciones que tomó su ministerio para perseguir las huellas de los falsos positivos y posteriormente entregarle la información al expresidente Uribe para tomar acción tangible, como la publicación de directivas internas y la destitución del cargo de coroneles involucrados en esta actividad ilegítima.
“Más de la mitad de las directivas ministeriales que produjimos ese año estaban dirigidas a atacar ese horripilante fenómeno. Cosa que prácticamente no había ocurrido en el pasado, salvo en el caso del memorando de entendimiento que firmó el ministro Camilo Ospina con la Fiscalía en junio de 2006. Pero no nos limitamos a expedir directivas. En enero de 2007, cuando tuvimos conocimiento de graves denuncias sobre la conducta de un oficial, el coronel Hernán Mejía, comandante del batallón La Popa, con sede en Valledupar, lo relevamos de su cargo y dejamos las denuncias en manos de las autoridades competentes”, narró.
El 6 de junio de 2007 expidió la directiva 10 que creó un Comité Interinstitucional para hacerle seguimiento a los casos de las ejecuciones extrajudiciales. “La creación del comité fue un hito en la investigación de las ejecuciones extrajudiciales. Nos permitió comenzar a entender el fenómeno en toda su complejidad: al lado de casos claramente inexplicables que ameritaban una investigación judicial en profundidad encontrábamos también algunos hechos de la guerra que parecían lícitos y objeto de falsas denuncias. Recuerdo uno de la Brigada Móvil 5 en Arauca, donde lo que claramente había sido una emboscada legítima fue denunciado como un falso positivo”, expresó. Santos informó a la Comisión de la Verdad que la importancia de este comité era, también, política: le enviaba un mensaje a las Fuerzas Militares sobre el seguimiento de este asunto al interior del Ministerio del Interior, recordó. Para reforzar este documento, su cartera creó la directiva 19 el 2 de noviembre de 2007 cuyo fin era que tanto la Justicia Penal Militar, como para los comandantes de las unidades militares y de las Fuerzas Militares, apoyarán las investigaciones judiciales al respecto.
Ref.ElEspectador
D.A.