En la década de los cincuenta, el Carnaval de Barranquilla no era la majestuosa fiesta organizada y planificada que conocemos hoy. Era, en cambio, una celebración más espontánea, donde el pueblo, sin un protocolo estricto, se aglomeraba en las calles para disfrutar de las carrozas adornadas y las danzas que llenaban el aire de alegría.
En ese contexto, las reinas del carnaval no tenían las mismas características o estándares de belleza que hoy en día se asocian con la grandeza del evento. No era solo una cuestión de belleza física; también se vinculaba con el estatus social y el poder económico de sus familias, lo que condicionaba la representación de las mujeres elegidas para ostentar la corona.
A pesar de ello, el concepto de la reina como figura central de la festividad ya estaba muy arraigado. Hoy, al revisar un fragmento fílmico del Carnaval de Barranquilla de 1958, editado para ofrecer una perspectiva diferente, vemos que, aunque el rol de las reinas en ese entonces respondía a estructuras sociales excluyentes, la reina del Carnaval siempre ha sido símbolo de orgullo, diversidad y pueblo.
Este registro, realizado en 1958, es parte del proyecto La Panamericana, dirigido por el sacerdote Félix Plattner S.J. y el camarógrafo Albert Lunte. Representando la misión jesuita suiza, esta película inicialmente incluía una narración que reflejaba las ideas de la época, muy influenciada por una visión romántica y optimista sobre el futuro de las comunidades caribeñas. Sin embargo, al revisarlo hoy, no podemos dejar de cuestionar su mirada colonialista y entender la historia del Carnaval desde una óptica más inclusiva, sin perder de vista su potente sentido popular.
Es importante replantear cómo las figuras de poder y belleza, desde la élite hasta el pueblo, fueron redefiniendo lo que significaba ser reina en Barranquilla, tanto entonces como ahora. Hoy, más que nunca, sabemos que la verdadera esencia del carnaval radica en la participación de todos, independientemente del color de piel, estatus social o poder económico.
Porque si algo es cierto, es que todas las mujeres, sin importar su origen o historia, fueron y siempre serán reinas del Carnaval de Barranquilla.