“Alcalde, ahora tiene Presidente, tiene ministro y viceministro”.
La frase fue pronunciada por el viceministro de Turismo, Julián Franco Restrepo, durante el Congreso de Anato realizado en Barranquilla el pasado 27 de agosto, pero terminó convirtiéndose en una especie de fotografía política de lo que ha ocurrido durante el primer mes del Gobierno de Abelardo De La Espriella.
Días después, el alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, volvió a utilizar un mensaje similar para describir la nueva relación entre las regiones y el poder central.
Durante la Red de Ciudades del BID, el pasado 3 de septiembre, Char afirmó que mientras Bogotá es la sede alterna del Gobierno, Barranquilla es la capital.
Más allá de las frases, hay un cambio que comienza a hacerse visible: alcaldes y gobernadores que durante los últimos cuatro años tuvieron fuertes diferencias con el Gobierno Nacional ahora mantienen reuniones, conversaciones y canales de comunicación mucho más frecuentes con la Casa de Nariño.
Y Barranquilla es uno de los ejemplos más evidentes.
De los enfrentamientos públicos a la mesa de trabajo
Durante el Gobierno de Gustavo Petro, la relación entre el mandatario nacional y Alejandro Char estuvo marcada por fuertes desencuentros.
Aunque ambos sostuvieron un encuentro el 7 de mayo de 2024 para abordar asuntos relacionados con energías renovables, la relación política no consiguió consolidarse.
Por el contrario, en diferentes momentos Petro lanzó cuestionamientos contra Char y su familia, incluso relacionándolos con estructuras delincuenciales de Barranquilla, señalamientos que fueron rechazados por el mandatario distrital.
La confrontación terminó escalando hasta el terreno judicial.
Char presentó una denuncia y, recientemente, su abogado, Mauricio Pava, solicitó que el proceso fuera trasladado de la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes a la Fiscalía.
Pero las diferencias no se limitaron a los cruces entre Petro y Char.
La pérdida de los Juegos Panamericanos de 2027, la política de seguridad y los acercamientos con estructuras criminales fueron otros de los puntos que generaron tensión entre la administración distrital y el anterior Gobierno.
Char cuestionó especialmente las mesas de diálogo de paz urbana con estructuras como Los Costeños y Los Pepes, argumentando que las autoridades territoriales debían ser tenidas en cuenta en ese tipo de decisiones.
En los últimos días de la administración Petro, el alcalde fue todavía más duro y cuestionó los resultados en materia de seguridad.
“La única herencia que deja el Gobierno Nacional es un país más inseguro”, escribió entonces Char, al tiempo que cuestionó el fortalecimiento de los grupos armados y la situación de la Fuerza Pública.
Hoy el escenario es sustancialmente diferente.
Seguridad: el primer gran punto de encuentro
Uno de los ejemplos más claros está precisamente en la seguridad.
Después de la llegada de De La Espriella a la Presidencia, Char sostuvo una reunión con el mandatario nacional y, según explicó posteriormente, uno de los principales temas puestos sobre la mesa fue la situación de seguridad de Barranquilla.
La respuesta comenzó a materializarse rápidamente.
La ciudad recibió a los primeros integrantes de los Bloques de Seguridad Urbana y posteriormente se concretaron traslados de varios delincuentes señalados de estar relacionados con delitos como extorsión y homicidio.
Char agradeció públicamente la decisión presidencial.
“Sacar a estos criminales de Barranquilla y trasladarlos a una cárcel de máxima seguridad”, sostuvo el alcalde, permitiría cortar las comunicaciones que, según las autoridades, podrían utilizar para continuar impartiendo órdenes desde los centros penitenciarios.
El gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, también destacó la articulación con el Gobierno Nacional y aseguró que ya comenzaban a observarse resultados derivados del Consejo de Seguridad realizado con el presidente.
La diferencia política es evidente: mientras durante la administración anterior las autoridades locales reclamaban mayor participación en las decisiones de seguridad, ahora el discurso de los mandatarios regionales se centra en agradecer la respuesta de la Nación.
Cartagena también habla de un cambio
El alcalde de Cartagena, Dumek Turbay, es otro de los mandatarios que ha hecho evidente el contraste.
Durante el Gobierno Petro, Turbay aseguró en varias ocasiones que había solicitado reuniones con el entonces presidente para explicarle directamente las necesidades de Cartagena, sin conseguir concretar esos encuentros.
El contraste apareció incluso antes de la posesión de De La Espriella.
El 4 de agosto, Turbay resumió el cambio que esperaba para los alcaldes del país al señalar que habían pasado del “desprecio y el descuido” a un “gobierno que escucha”.
La expresión terminó adquiriendo mayor fuerza con el paso de las primeras semanas de la nueva administración.
Bogotá también entra en la nueva dinámica
La relación tampoco se limita a la Costa Caribe.
El alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, ha sostenido reuniones con De La Espriella y ambos participaron recientemente en una visita a los avances de la primera línea del Metro.
El Gobierno Nacional, además, designó a Clara Lucía Sandoval como gerente para Bogotá, con la responsabilidad de articular y sacar adelante proyectos considerados estratégicos para la capital.
El mensaje político es diferente al de los últimos cuatro años: la discusión entre Nación y territorios parece estar migrando de la confrontación pública hacia la coordinación de proyectos concretos.
Cali, bajo la lupa tras el terremoto
La nueva relación también se ha visto en las regiones golpeadas por emergencias.
Tras el terremoto del 10 de agosto, que afectó especialmente a Cali y otros territorios, el presidente De La Espriella mantuvo una presencia constante en las zonas afectadas y convirtió la reconstrucción en uno de los asuntos prioritarios de su administración.
El modelo pretende mostrar un Gobierno Nacional con mayor presencia física en los territorios y con funcionarios encargados de mantener canales permanentes con las autoridades locales.
¿Qué cambió realmente?
Para el politólogo y docente de la Universidad del Norte Luis Fernando Trejos, la diferencia fundamental está en la forma de relacionamiento político.
Trejos considera que el Gobierno actual ha privilegiado un “relacionamiento pragmático” con alcaldes y gobernadores, particularmente durante su etapa inicial.
Según el académico, durante el Gobierno Petro existía un mayor peso de los filtros político-ideológicos a la hora de establecer relaciones con los mandatarios territoriales.
Ahora, sostiene, existe una mayor posibilidad de que las autoridades locales entreguen directamente sus necesidades y propuestas al Gobierno Nacional para que estas sean consideradas en la formulación del Plan Nacional de Desarrollo.
“Si bien apenas va un mes de gobierno”, explicó Trejos, hasta ahora se observa un presidente que está gestionando problemas nacionales desde las regiones y que no estaría intentando sustituir el papel de las autoridades locales.
Para el politólogo, otro elemento importante es la creación de figuras como los gerentes regionales, que buscan acelerar la comunicación entre las administraciones municipales y departamentales y el Gobierno Nacional.
Un mes todavía no define cuatro años
El cambio de tono es evidente, pero también tiene un límite: el Gobierno De La Espriella apenas completa su primer mes.
Por eso, será el paso del tiempo el que permita establecer si esta nueva relación entre la Casa de Nariño y los territorios se convierte en una política de Estado o si responde, principalmente, al arranque de una nueva administración.
Por ahora, el contraste resulta difícil de ignorar.
Los alcaldes y gobernadores que durante el Gobierno Petro protagonizaron discusiones públicas, reclamos y desencuentros con la Presidencia hoy aparecen sentados junto al jefe de Estado hablando de seguridad, infraestructura, reconstrucción y desarrollo regional.
En Barranquilla, el cambio se percibe con particular claridad.
De los reclamos por decisiones tomadas desde Bogotá se pasó a reuniones directas con el Presidente. De los cruces públicos se pasó a los agradecimientos. Y de una relación marcada por la distancia política se intenta construir otra basada en la coordinación.
La gran pregunta será si esta luna de miel entre el Gobierno Nacional y las regiones logra mantenerse cuando lleguen las decisiones difíciles, las discusiones presupuestales y los intereses políticos que inevitablemente aparecerán en los próximos meses.










