Las aeronaves, fabricadas por General Atomics Aeronautical Systems, serán incorporadas a las operaciones de las Fuerzas Militares y estarán destinadas principalmente a labores de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, así como a operaciones contra estructuras dedicadas al narcotráfico y grupos armados ilegales.
Uno de los principales atributos del MQ-9A Reaper es su capacidad para permanecer durante largos periodos en el aire, lo que permitirá ampliar el monitoreo de amplias zonas del territorio nacional y realizar seguimiento a corredores utilizados por organizaciones criminales para el transporte de drogas y el desarrollo de actividades ilícitas.
El acuerdo con Estados Unidos representa un refuerzo tecnológico para las Fuerzas Militares, especialmente en regiones donde las condiciones geográficas dificultan las labores tradicionales de vigilancia.
Los drones también podrán aportar información para identificar movimientos de estructuras criminales, ubicar posibles campamentos y apoyar la planeación de operaciones militares, dentro de las capacidades y protocolos establecidos para su utilización.
La llegada de estas aeronaves se produce en un momento en que el Gobierno busca fortalecer la ofensiva contra el narcotráfico y las organizaciones armadas que operan en diferentes regiones del país.
Con esta cooperación, Colombia tendrá acceso a una de las plataformas de vigilancia aérea no tripulada más reconocidas de las Fuerzas Armadas estadounidenses, inicialmente bajo un esquema de préstamo que permitirá reforzar las capacidades de inteligencia y seguimiento desde el aire.










